¿Cómo se puede considerar sagrada la vida humana...
... sin considerar sagrado cualquier tipo de vida?
No lo sé. Pero hay personas que lo consiguen.
Si en vez de sacralizar el asunto optamos por hablar de órdenes de importancia, es evidente que la propia vida debería ocupar siempre el lugar prominente, aunque el único motivo sea el altruista motivo de que si uno se muere no podrá salvar otras vidas o ayudar a otras personas.
El siguiente escalón en importancia lo ocuparían los seres cercanos, sean familiares, amigos, mascotas... en general cualquier ente (animado o no animado) por el cual se sienta afecto.
Y luego viene el resto del universo, con su propio y particular escalafón.
Intentar dotar de un valor a una vida humana es complicado. Tanto que siempre se opta por decir que la Vida Humana, en General, tiene un valor incalculable. Ni mucho ni poco, simplemente incalculable. Todos los problemas morales inherentes a la medición de su valor se volatilizan, y con ellos también lo hace la responsabilidad de llevarlos a cuestas.
Lo ejemplifico extremo, como todos los ejemplos: si yo quisiera mucho a mi perro (un ser no humano), y llegase un desconocido y lo matase por capricho, lo único que salvaría a ese hijo de puta de encontrar la muerte en mis manos sería el miedo que yo tuviera a las represalias sociales (multas, carcel, muerte de la vida social etc) por mi acto. Si estuviera seguro de poder actuar impunemente, la vida de esa persona llegaría a su fin. A ser posible violenta y dolorosamente.
Sí, yo valoraría más la vida de mi perro que la de un miserable.
No me importa la vida humana. Me importan las vidas de los seres, humanos o no, que tengo alrededor.
Obviamente cualquiera que diga que un ser humano vale más por el hecho de ser humano tiene todo el derecho a decirlo. Pero la importancia es un valor relativo y personal, y en mi escala de valores eso no encaja.
Hagamos funcionar la máquina del tiempo hacia atrás. Cuando estaba en segundo (creo) de EGB, yo estudiaba en un colegio de los Hermanos de La Salle. Esos hermanos estaban abiertos al debate, y la clase de Religíón consistió básicamente en debates y conversaciones durante todos los años de la EGB y el BUP. Tuve suerte en ese sentido.
Un medio día, antes justo de entrar al comedor, me acerqué al hermano Andrés, una de las personas de las que guardo mejor recuerdo. El hombre ya estaba mayor, pero seguía teniendo energía para jugar con los más pequeños. El caso es que cuando llegué a donde estaba le pregunté:
"Hermano Andrés, ¿por qué nosotros le importamos más a Dios que las hormigas? ¿Por qué somos tan importantes?".
"Porque nosotros estamos hechos a Su imagen y semejanza".
"Pero entonces, -seguí preguntando- ¿acaso a Dios no le importan los árboles o los animales?"
"Claro que le importan, pero nosotros somos sus hijos predilectos".
En aquel momento algo en mi interior hizo crack. Y esa fractura sigue existiendo a día de hoy, cuando la máquina del tiempo nos devuelve al presente.
Por entonces pensaba "No. No estoy de acuerdo. No creo en ese dios. Un dios como ese no tiene derecho a existir". Dulce inocencia la de la niñez. Me costó mucho asumir que las cosas simplemente existen, y suceden, aunque sean injustas.
Ahora una conversación en primicia.
*plop*
Dios: Recuerda: No matarás.
Yo: ¿Por qué?
Dios: Porque no puedes dar la vida.
Yo: ¿Que no? Tú solucióname el tema de la logística y mi chica y yo tendremos tantos hijos como yo... Bueno, tantos como ella quiera." (Un hombre puede discutir con Dios de tú a tú, pero la mujer manda en ciertas parcelas, y ni el hombre ni Dios tienen nada que hacer, es lo que hay).
Dios: Me refiero a que no puedes devolver la vida a aquel al que se la quitas.
Yo: Desde luego que no. Y aunque pudiera no lo haría. El mundo está mejor sin cierta gente.
Dios: Ya. Y tú, con tu visión global y completa y con tu criterio estrictamente objetivo eres el juez para decidir eso." (Dios, como todo ser consciente que lleva mucho tiempo observando lo que pasa a su alrededor, conoce bien el sarcasmo y el cinismo).
Yo: No aspiro a ser lo que se supone que eres tú...(pausa)... por lo menos no a corto plazo. Pero hay seres humanos malvados, gente sin escrúpulos, asesinos... hay hasta políticos. POLÍTICOS ¿oyes? ¿Qué hemos hecho el resto para soportar semejante carga?
Dios: Nada, aparte de existir. Pero di al ser humano libre albedrío, igual que al resto de seres, para que conociese el significado de eso llamado libertad. Cada uno sois responsables de vuestra vida y de vuestras acciones, por más que os empeñéis en buscar instancias superiores (yo por ejemplo) a las que culpar de vuestras desgracias.
Yo: Y este original argumento, ¿cómo se compenetra con el mandamiento de "No matarás", o ya puestos con cualquier otro mandamiento? ¿Para qué darnos mandamientos si deseas que conozcamos la libertad?
Dios: Aunque te resulte curioso, ese mandamiento, o cualquier otro, no es una orden, sino una oportunidad para que el ser humano sea consciente de algunas verdades realmente universales. Aunque se llamen mandamientos, su verdadera función no es la de ser impuestos, sino aceptados. El ser humano es un ser con un fuerte instinto de supervivencia pero también con un fuerte instinto autodestructivo. Decir "No mataré" implica dar la espalda a un instinto firmemente arraigado que es el de acabar con la amenaza que suponen los otros. Es una apuesta a favor de la existencia de otros seres humanos, aunque éstos no se ajusten a tu idea de cómo deberían ser. Los seres humanos no sois valiosos por ser mis hijos predilectos, sino porque cada uno representa un potencial en sí mismo y también en relación con los demás seres humanos.
Yo: Entonces lo que estás diciendo es que dando la oportunidad de existir a cualquiera, lo que estamos haciendo es aumentar las posibilidades de evolución de nuestra raza. No lo entiendo. ¿Acaso los seres humanos vamos a ser mejores por alumbrar y permitir la existencia de asesinos?
Dios: Si retrocedes al principio de la conversación verás que hemos empezado porque tú querías convertirte en un asesino. Pero dejemos eso por ahora. El tema es sencillo. Los ejemplos de Adán y Eva o de Caín y Abel son los primero de una larga serie de grandes caminos que se abrieron gracias a un primer acto contra una ley preestablecida. Las leyes siempre van encaminadas a mantener un sistema y los seres humanos evolucionáis, crecéis y eventuálmente os preguntáis el porqué de la existencia de esas leyes. Y las rompéis cuando creéis que tenéis derecho a ello o simplemente para ver qué hay al otro lado. Es un acto que se toma por liberador pero os olvidáis de que siempre habéis tenido en vuestra mano la libertad para romper la ley. No sois más libres que antes por hacerlo sino, tal vez y con un poco de suerte, más sabios.
Yo: ¿Entonces no me castigarás si decido matar a ese bastardo que ha envenenado a mi perro?
Dios: Yo no castigo ni recompenso. Cada acto lleva consigo su mérito y su carga.
Yo: Claro, pero a mí me meterán en la cárcel y a él solamente le ha caido una multa. Mi perro valía mucho más para mí que la mayoría de las personas que he conocido. Es injusto.
Dios: Las leyes no son injustas ni justas, simplemente están ahí. Tú tienes libertad para escoger si merece la pena matar al que mató a tu perro saltándote la ley. Ahora bien, apechuga con las consecuencias, seas las que sean.
Yo: Pero... si no me castigas por hacerlo ni me recompensas por no hacerlo, ¿¿para qué sirve que existas?? (esto es lo que se conoce como un argumento potente).
Dios:*Risas prolongadas*. Pues mira, no te puedo dar una razón para mi existencia como tampoco puedo dártela para la tuya. Simplemente estamos aquí. Y mientras tanto habrá que intentar hacerlo lo mejor posible, ¿no?
Yo: Entonces ¿por qué has venido a tocarme las narices y a decir "no matarás" si no vas a hacer nada en caso de que decida cargarme al tío ese?
Dios: Para que hagas lo que estás haciendo, meditar y razonar y ser consciente de las consecuencias. Matar no tiene vuelta atrás y quería asegurarme de que te enfrentabas al hecho con las cosas claras. De todas formas tú haz como si yo no existiera si hace que te sientas más cómodo.
Yo: Pero existes. Leñe, estoy hablando contigo. No suelo hablar con dioses todos los días.
Dios: ¿Existo realmente o solamente soy fruto de tu imaginación? No, no pongas esa cara. No importa realmente si existo o no, mas allá de lo que tú creas al respecto. Es cosa tuya. Ah, el cómo afecta esa creencia a tu vida y a tus actos también son cosa tuya. No digas que no te doy libertad ;)
*plop*
jueves, marzo 11, 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)